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PNI Sistema digestivo

Recorrido por el aparato digestivo

Este artículo tiene como misión que conozcas el funcionamiento básico de nuestro aparato digestivo, así podrás entender mejor cuando ciertas funciones no se dan de forma adecuada, las consecuencias y síntomas que pueden tener (te da la base para entender otros artículos).

PARTES DEL APARATO DIGESTIVO

El aparato digestivo esta formado por el tracto gastrointestinal o tracto digestivo, quizás es más conocido por este último nombre, el hígado, el páncreas y la vesícula biliar. el tracto digestivo son una serie de órganos huecos unidos entre sí que forman una especie de tubo que va desde la boca hasta el ano. Los órganos que forman el tracto digestivo son: boca, faringe, esófago, estómago, intestino delgado, intestino grueso y el ano. Los otros tres órganos (hígado, páncreas y vesícula biliar) descritos anteriormente, son órganos sólidos que se encuentran cerca del aparato digestivo y están conectados a el mediante conductos, pero no se encuentran unidos formando parte de ese tubo hueco.

FUNCIONES DEL APARATO DIGESTIVO

El objetivo principal del aparato digestivo es la nutrición, es decir, obtener los nutrientes necesarios de los alimentos que ingerimos para que el organismo pueda funcionar, ya que nosotros mismos no podemos sintetizar según que moléculas y necesitamos obtenerlas de forma externa. Teniendo esto claro, a partir de aquí cada una de las partes del aparato digestivo cumplirá una función para llevar esto a cabo.

Se entiende como nutrición; el conjunto de procesos a partir de los cuales el organismo procesa los alimentos ingeridos, los transforma (digiere), los absorbe y los usa (metabolismo) para obtener energía, mantener sus estructuras y regular sus funciones. Todo esto es involuntario, al contrario de la alimentación, que es voluntaria. Se entiende como alimentación el proceso de selección, manipulación y preparación de los alimentos para finalmente ser ingeridos. Tienes más información sobre la alimentación tanto en el artículo como en el podcast #1 sobre este tema. Este artículo trata sobre lo que sucede una vez ingerimos estos alimentos.

LA DIGESTIÓN , ABSORCION Y ELIMINACIÓN

La digestión

Es interesante apuntar que la digestión empieza, la mayoría de las veces, antes de masticar los alimentos. La digestión puede empezar al pensar en qué vamos a comer, al ver los alimentos, al olerlos, al cocinarlos, unos minutos antes de la hora a la que solemos comer, etc. ¿Y esto por qué? Pues para poder “adelantar trabajo” y de esta forma hacerla mejor. El organismo puede empezar a salivar, a segregar los jugos necesarios para metabolizar los alimentos, sintetizar enzimas, etc. No debemos olvidar que una digestión para nuestro cuerpo es un acontecimiento muy importante y costoso, por esta razón seguramente tiene estos mecanismos.

No debemos olvidar tampoco que en la digestión no solo encontramos implicado el aparato digestivo, sino que parte de los sistemas nervioso y circulatorio también ayudan. La digestión se da gracias a un trabajando conjunto de; los nervios, las hormonas, las bacterias, la sangre y los órganos del aparato digestivo.

¿Qué sucede en la digestión?

En la digestión lo que se hace es descomponer los alimentos en partes más pequeñas para que se puedan asimilar. Como resumen esquemático tendremos dos clases de intervenciones para llevar a cabo esto; la parte mecánica (movimientos peristálticos) y la química (sustancias que se secretan para descomponer los alimentos). Es muy importante recordar que la digestión se da gracias a una cascada de sucesos, y si uno falla los demás no pueden hacerse correctamente.

Proceso de la digestión

En la boca se hace un trabajo medio voluntario, medio involuntario. El trabajo de masticación tiene como objetivo la destrucción de la estructura de los alimentos y, además, crear una pasta/masa que es una pre-mezcla de estos alimentos. La saliva ayuda tanto a mezclar como tragar. Este trabajo de masticación/triturar los alimentos facilitará el trabajo del estómago, ya que hará que lleguen ligera o parcialmente ya mezclados y “rotos”. Por esta razón es tan importante masticar bien. Además, ya en la boca se hace una secreción de ciertas enzimas que hacen que podamos absorber ciertos almidones en la boca.

La deglución empieza de forma voluntaria, esta masa pasa de la boca al estómago, pasando por el esófago. Obviamente la gravedad hace su trabajo y nos ayuda a mover los alimentos para abajo, por este motivo se recomienda comer sentado o lo más incorporado posible, pero sin los movimientos peristálticos no sería posible mover bien todos esos alimentos a través del tubo digestivo. Entonces, gracias a estas contracciones musculares esa masa pasa de la boca al estómago y, además, se chafa y mezcla más.

Lo que ocurre en el estómago es muy importante, ya que de ello dependerá tanto la absorción de nutrientes cómo nuestra seguridad. Explicamos mejor esto de la seguridad.

A pesar de que a primera vista puede parecer que el mayor contacto con el exterior que tenemos es mediante la piel, y que, por lo tanto, a través de la piel es por dónde podemos entrar en contacto con un mayor número de sustancias o agentes potencialmente peligrosos para nuestra salud, no es así. Nuestro mayor contacto con el exterior es a través del aparato digestivo, ya que su extensión supera con creces la extensión de la piel. Esto es gracias a su estructura interna, sobre todo la del intestino delgado, que en vez de tener una pared lisa, para aprovechar mejor el espacio, forma unos pliegues que disminuyen su extensión. Esto básicamente ocurre para tener más superficie de absorción en un espacio más reducido. Estos pliegues del intestino delgado reciben el nombre de microvellosidades intestinales. Se estima que solo los intestinos tienen una extensión de unos 200-300 m2, algo que sería parecido a una cancha de tenis. 

Entonces nos encontramos que tenemos una superficie muy extensa donde además introducimos al interior de nuestro organismo algo externo que no sabemos que sustancias o agentes tóxicos o patógenos puede tener. En la mayor parte de nuestra evolución no existía el control sanitario de los alimentos, entonces nuestro organismo tuvo que desarrollar una serie de mecanismos para protegernos. Esta es la razón básica por la cual encontramos aproximadamente el 70% del sistema inmune localizado en el aparato digestivo.

En el intestino tenemos un batallón de células inmunitarias trabajando constantemente en la identificación de los elementos que introducimos del exterior y que, por lo tanto, entramos en contacto. Podríamos diferenciar diferentes niveles de seguridad en el sistema inmune; en el primer nivel encontraríamos el sistema inmunitario de las mucosas, que literalmente son muros/barreras que nos protegen de la entrada de tóxicos y/o patógenos, el intestino representa el 80% de este sistema, la piel el 5% y el 15% restante se reparte entre: nariz, ojos, sistema urogenital, pulmones, boca, etc.; el segundo nivel sería la inmunidad innata y el tercer nivel la inmunidad adquirida.

Además, también hay otras formas de protegernos de los agentes tóxicos o patógenos; la producción de jugos gástricos con el ácido clorhídrico y la bilis, por ejemplo.

En el estómago

Cuando la comida cae literalmente en el estómago se inicia un circuito de secreciones de diferentes sustancias que se terminan por autorregularse. Formando la pared del estómago encontramos diferentes tipos de células que sintetizarán lo que se conoce como los jugos gástricos, los componentes principales son: el ácido clorhídrico y la pepsina. Obviamente el ácido ayudará a descomponer los alimentos, pero también juega un papel muy importante como antimicrobiano, por lo que forma parte de una de las barreras de seguridad en contra de posibles patógenos, además ayuda a activar la actividad de la pepsina. Por estas razones es tan importante que la producción de ácido sea la correcta. El pH estomacal varia de entre 1-3. En el estómago se inicia una cascada de secreciones de sustancias que si no se dan de forma suficiente se alterarán otras, por ejemplo; una producción insuficiente de ácido puede terminar por disminuir la producción de moco que forma la capa mucosa del estómago, por lo que se pueden llegar a dañar las capas inferiores, esto podría afectar a las células parietales que se encargan de la producción de factor intrínseco que es necesario para absorber la vitamina B12 provocando un déficit de esta vitamina, o también; si no hay un pH óptimo la pepsina, que es la enzima encargada de cortar las proteínas, no se activa y por lo tanto estas quedarán sin digerir. Esto son solo unos ejemplos de las interacciones que se dan y de lo importante que es que se produzca todo de forma correcta. Otra cosa que es muy interesante es que si no hay un pH determinado la válvula superior del estómago (cardias), que asegura que no haya un paso del interior del estómago al esófago, no se cierra bien, por lo tanto, a pesar de lo que nos han contado, la falta de ácido suele ser el principal motivo del reflujo y los ardores y no el exceso. Esta ultima condición se define como hipoclorhidria.  

Las funciones del estómago son: almacenar los alimentos momentáneamente, mezclarlos gracias a las contracciones musculares y “deshacerlos” en moléculas más pequeñas. De este proceso se obtiene una pasta muy ácida denominada quimo, que mediante el vaciado gástrico irá pasando lentamente del estómago a la primera porción del intestino delgado, el duodeno. Este vaciado se da de forma muy lenta para evitar colapsar la capacidad de absorción del intestino delgado. El paso del quimo del estómago al duodeno se hace a través del esfínter pilórico o píloro, que es la válvula de la parte inferior del estómago que controla el vaciado gástrico.

En el intestino delgado

En el duodeno se vierte, el quimo (procede del estómago), la bilis (procede del hígado / vesicula biliar)) y los jugos pancreáticos (proceden del páncreas), además, las células de la pared intestinal secretarán enzimas digestivas. Gracias a esto y los procesos anteriores, se descomponen: las proteínas en aminoácidos, las grasas en ácidos grasos y glicerol y los carbohidratos en monosacáridos.

La bilis emulsiona las grasas para permitir que se puedan absorber, además ayuda a neutralizar el pH ácido del quimo. Los jugos pancreáticos se componen básicamente de: agua, sales minerales, bicarbonato de sodio (que ayuda a neutralizar también la acidez del quimo impidiendo que las células intestinales puedan resultar dañadas) y diversas enzimas: proteasas (degradan proteínas), amilasa pancreática (degradan carbohidratos), nucleasas (convierten los ácidos nucleicos en moléculas más simples) y lipasas (degradan grasas). Una persona sana se estima que puede llegar a segregar entre 1,2 y 1,5 L de jugo pancreático, el pH de este es de 7,1 a 8,0. Neutralizar la acidez, además, es necesario para la activación enzimática.

Las enzimas digestivas que se segregan en el intestino delgado son diferentes disacarasas (maltasa, lactasa, sacarasa, etc.), entre otras, para poder procesar los carbohidratos y otros nutrientes.

Gracias a todos estos compuestos podemos descomponer los alimentos en moléculas más simples y absorberlas. Los nutrientes pasan a través de la pared intestinal, a través de los enterocitos. Los enterocitos son las células que forman la pared intestinal en su mayoría, estos están muy juntos gracias a la acción de las uniones estrechas y solo dejarán pasar los nutrientes necesarios. Esto es lo que ocurre de forma ideal, pero puede haber situaciones o patologías que empeoren estas uniones y dejen abiertos estos canales entre los enterocitos al paso de moléculas mayores o incluso de patógenos, pero de forma natural los nutrientes pasarán al sistema circulatorio donde iniciarán su camino hacia las estructuras que los requieran.

El intestino delgado está delimitado en su parte alta por el esfínter pilórico, que si recordamos lo conecta con el estómago, y en su parte baja por el esfínter ileocecal, que conecta ambos intestinos, el delgado con el grueso. Es muy importante que todos los esfínteres funcionen correctamente para que el bolo alimenticio vaya siempre hacia delante y no pueda haber traspasos que no interesan, e incluso pueden ser perjudiciales, de sustancias o elementos de unos tramos a otros. Como, por ejemplo; el reflujo, los ardores o incluso las regurgitaciones, que se dan por la apertura del cardias. El paso de estas sustancias hacia el esófago o incluso la boca, además de que es muy desagradable, puede conllevar la aparición de problemas como varices esofágicas, daños en el tejido y/o inflamación. También el paso de microorganismos del intestino grueso al delgado, por una mala función de la válvula ileocecal, puede provocar sobrecrecimientos de microorganismos dónde no debería de haberlos.

En definitiva, es muy importante que el bolo alimentario vaya hacia delante en el aparato digestivo, para que no se produzcan problemas. Esto se consigue gracias a los movimientos peristálticos, las contracciones musculares que se han descrito anteriormente. Estos movimientos empiezan con el inicio de la ingesta gracias a la comunicación entre el aparato digestivo y el sistema nervioso y ayudan a conducir por todo el tubo digestivo el bolo alimentario, pero hay diferentes tipos de peristaltismo con diferentes funciones. Hay un tipo de movimientos que reciben el nombre de complejo migratorio motor o CMM, también conocido cómo camión de la basura, que solo se activan en los periodos en los que no estamos comiendo/haciendo la digestión, ya que su objetivo es limpiar los posibles restos de deshechos que puedan haber quedado en el tubo digestivo como resultado de la última digestión idealmente.

Lo ideal es darle el tiempo suficiente al cuerpo para que entre cada comida que realizamos pueda activar este sistema de limpieza, pero por los hábitos dietéticos que se practican actualmente muchas veces estos movimientos no se dan y quedan restos de otras digestiones con las consecuencias que esto conlleva (hablaremos más adelante en próximos podcast/artículos).

En el intestino grueso

Hasta este punto de la digestión ya hemos triturado los alimentos, los hemos hecho papilla y en el intestino los hemos absorbido, ahora queda saber qué pasará con todos los restos. Todo lo que nuestro organismo no ha sido capaz de metabolizar va a parar al intestino grueso, que será el tramo final antes de ser eliminados a través de la ultima porción, el ano. En este tramo pasan cosas fascinantes, ya que en esta localización tenemos la residencia de microorganismos por excelencia, es decir, es en el lugar dónde encontramos mayor concentración de microbiota. En teoría esta microbiota debe ser diversa y variada y cumple con muchas funciones de las cuales hablaremos más adelante.

La anatomía del colón es diferente a la del intestino delgado, además a nivel de tejidos también encontramos diferencias, en este tramo a causa de la gran cantidad de microorganismos la capa de mucosa es mucho más grande, por ejemplo. También los movimientos peristálticos son diferentes y responden a otros estímulos, pero siguen cumpliendo con la función de mezcla y propulsión.

El colón es un almacén de desechos alimentarios que nuestro organismo no ha sido capaz de digerir, pero que, ¡cuidado! los microorganismos que lo habitan si pueden. Entonces en el intestino grueso básicamente lo que se hace es ir moviendo esos restos para que vayan siendo aprovechados, absorber el agua, los minerales y los metabolitos resultantes de la fermentación de la microbiota, como ácidos grasos de cadena corta y vitaminas, entre otros.

Finalmente, todo aquello que no se ha podido usar se va depositando en el tramo final del colon y cuando hay una cantidad suficiente se produce la defecación que sería a través de la última válvula y del último tramo de este apasionante aparato digestivo, el ano.

¿A qué es fascinante nuestro aparato digestivo?

Si te apetece, puedes escuchar el podcast relacionado con este artículo.

ESCUCHA EL EPISODIO #6 DEL PODCAST RELACIONADO

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